domingo, 18 de octubre de 2020

MADRID, EL AGUJERO NEGRO DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA

 En 1980, el 14,8% de todo lo que producía España (PIB) se generaba en Madrid. Hoy es el 19,3%. Catalunya mantiene casi el mismo peso que 40 años atrás (19,1%-19%), por lo que la comunidad madrileña ha absorbido parte de la actividad del resto de comunidades en un proceso de vaciado de la periferia que no parece tener freno.

Los investigadores del IVIE han publicado un informe en el que muestran cómo ese vaciado se ha dado tanto en actividades económicas y empresariales como en capital humano de alta cualificación. Se da, por lo tanto, lo que en la literatura especializada se conoce como una economía de aglomeración, donde un territorio (Madrid en este caso) crece cada vez más a costa del entorno. Esa inercia que sucede en otras zonas del mundo en el caso de Madrid se ha beneficiado de una serie de decisiones políticas que no solo no han actuado como contrapeso sino que en ocasiones han alentado ese vaciado en beneficio de una enorme urbe que a priori estaba lejos de una ubicación comercial privilegiada como un puerto o un río navegable.

Ernest Roig es catedrático de la Universidad de Valencia y coautor del informe del IVIE. Cuando se le pregunta qué elemento destacaría de la concentración de poder económico en Madrid contesta que “el hecho de que se haya convertido en un polo de atracción de mano de obra cualificada”, de tal manera que el 41% de la población tiene estudios universitarios frente al 31% de la media española. Esa atracción de talento se basa en una gran oferta educativa y una especialización en actividades intensivas en conocimiento que facilitan la existencia de numerosas ocupaciones de alto nivel de cualificación y de centros de decisión privados y públicos, reza el informe. Aunque para que eso sea posible es también necesario contar con la mejor y más extensa red de comunicaciones nacionales e internacionales de España, con la que cuenta Madrid.

Reig señala como segundo factor más destacado la acción política, que sitúa todas los grandes organismos públicos (ministerios, agencias estatales, tribunales, cámaras de representación, etc.) en el entorno de la capital. Miguel Cardoso, economista jefe para España del BBVA, reflexiona que el efecto capitalidad es fuerte y lleva a una concentración en Madrid de aquellos que “quieran estar cerca del regulador o del Gobierno para hacer lobby o lo que se quiera”.


El desarrollo de la Administración central tras la dictadura se centró solo en Madrid

El IVIE ha calculado que la concentración de organismos públicos estatales en la capital provoca que haya unos 75.000 funcionarios del Estado más de lo que correspondería atendiendo a su población. Eso significa que, junto con sus familias, hay un contingente de 200.000 o 250.000 personas en Madrid solo porque la organización del Estado ha optado por centralizar la mayoría de organismos en la capital. Es una enorme inyección de recursos para la capital vía impuestos y un gran generador de consumo que obviamente genera actividad económica inducida.

María Jesús Fernández, de Funcas, señala que “la economía de aglomeración es como una espiral en la que cada vez el poder de atracción es mayor”. Apenas hay experiencias de descentralización de servicios públicos más allá de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, que pasó un tiempo en Barcelona hasta que el Gobierno central la vació de contenidos con la creación de otros órganos.

Albert Carerras, profesor de la UPF y miembro del Col.legi d’Economistes, añade que en las últimas décadas después de la dictadura en España se ha desplegado la Administración en toda su plenitud con el desarrollo del Estado del bienestar, la Seguridad Social, la regulación, y se ha concentrado en Madrid. “El Estado se ha reforzado mucho y se ha concentrado en la capital”, señala.

Algo parecido ha pasado con las grandes empresas, que mayoritariamente han optado por situarse cerca de la administración de ese Estado reforzado. El IVIE ha analizado que de las 100 mayores empresas de España por ingresos, 60 están ubicadas en Madrid, 9 en Catalunya, 8 en el País Vasco y 5 en Andalucía. Obviamente una parte de la pérdida de grandes sedes sociales en el caso de Barcelona se aceleró en octubre del 2017, tras la crisis del referéndum de independencia.

La segunda cara de la moneda es que esa ingente concentración de población con salarios altos provoca que la base imponible general sobre la que el Gobierno de la Comunidad de Madrid fija la fiscalidad es mayor que en otros territorios, lo que permite que aunque se bajen los impuestos la recaudación lo aguante. El IVIE ha calculado que las rebajas fiscales decididas desde un punto de vista político e ideológico por los sucesivos gobiernos reducen en 4.111 millones de euros la recaudación potencial de la comunidad.

¿Madrid tiene una baja presión fiscal porque tiene muchos contribuyentes con salarios altos o tiene contribuyentes con salarios altos porque tiene una baja presión fiscal? “Se retroalimentan y la explicación se puede dar en las dos direcciones”, contesta Albert Carreras. “Tienes una base fiscal muy amplia pero también tienes la protección de un gobierno central que no limitará esa bajada de impuestos. Lo contrario que si otra comunidad decide crear nuevos impuestos”.


No existe ninguna decisión política que vaya en dirección contraria a la concentración

Guillem López Casasnovas, catedrático de la UPF, calcula que la recaudación adicional que consigue Madrid por el efecto capitalidad y por disponer de contribuyentes con salarios más altos es de entre 406 y 622 millones de euros.

Y en medio de todo ese proceso, Catalunya ha conseguido mantener el mismo peso en la economía española que el que tenía un lustro después de la muerte de Franco. ¿Por qué? “La industria sigue en Catalunya o se ha deslocalizado a otro país pero no a Madrid”, responde Joan Ramon Rovira, director del servicio de estudios de la Cambra de Comerç de Barcelona. “En Catalunya tienen un mayor peso la industria, la logística, el turismo, la emprendeduría o las start-up, que configuran una economía diferente con un vocación global”, añade.

Miguel Cardoso cree que Barcelona también se beneficia en parte de esas economías de aglomeración de las que disfruta Madrid. De hecho, Cardoso cree que la fuerte concentración de poder en Madrid es también culpa de que no se haya podido desarrollar una red de ciudades medianas como hay en otros países. Más allá de Madrid y Barcelona, por un lado, y Bilbao, Zaragoza, València o Sevilla, por el otro, no hay una red de “ciudades intermedias” que pudieran retener actividad y población, se lamenta.

Los economistas alertan también de que en ocasiones en las grandes áreas urbanas donde se dan procesos de aglomeración acaban dándose economías o “deseconomías” de congestión, por lo que se expulsa actividad y población hacia las afueras. Cardoso y Carreras ven difícil que ese proceso se pueda dar en Madrid ya que es más propio de mergaurbes en desarrollo.

En lo que todos coinciden es en que no hay ningún elemento a día de hoy que vaya en la dirección contraria de evitar que Madrid y su comunidad autónoma sigan vaciando el resto del Estado y la periferia. Ni siquiera la crisis actual derivada de la pandemia. “Con la llegada de los fondos europeos las obras se realizarán en diferentes lugares de España pero donde se tomarán las decisiones y se harán los proyectos será en Madrid y en Barcelona. Son los grandes centros proveedores de servicios”.

Carreras señala que es muy difícil “escapar” de este proceso y recuerda cómo el talento de la España vaciada sueña con ir a Madrid a hacer carrera.

Eduardo Magallón, en La Vanguardia

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