martes, 3 de febrero de 2015

EL PSOE SUSCRIBE CON EL PP UN PACTO SUICIDA

Coincido con quien dice que al PSOE ya no le quedan pies a los que dispararse. Sin necesidad alguna de pringarse en la deriva involucionista del PP, ha suscrito un peligroso pacto con el gobierno que incluye -de rebote- instaurar en España la cadena perpetua. Entre otras muchas cosas.

Ya desde el primer artículo considerar terrorismo  “desestabilizar las estructuras económicas y sociales” es, en manos del PP y por lo que se ve del PSOE, un comodín para, por ejemplo, encausar a quien proteste por la entrega a los poderes financieros de dinero público (léase el rescate bancario) que ya hicieron constitucional los mismos partidos. Ese artículo 135 que da prioridad al pago de los acreedores sobre las necesidades de los ciudadanos. Esperemos que no estimen como desestabilización, y por tanto terrorismo, perder las elecciones a manos de quienes “no les gustan”.

Cuesta entender que a estas alturas y con una legislación penal que ya es durísima en España (como detalla Ignacio Escolar), Pedro Sánchez y quienes le apoyan (medios incluidos) hayan sentido esa llamada perentoria de lo que denominan “responsabilidad de Estado” y de la que cabe aguardar futuras ediciones vía pacto…  para no abandonar la poltrona. Sánchez había dicho que no pactaría con el PP y le ha faltado el tiempo.

Y cuesta entender que un partido (en el caso de querer ser decente) pacte y sostenga a otro tan embadurnado de corrupción y que está perpetrando graves daños a la ciudadanía y un sin fin de arbitrariedades. Veamos un par calentitas de esta mañana.  El destrozo ocasionado en el empleo y con el paro.  O una más de las continuas prebendas que se otorgan.

Si el daño para la sociedad es notorio,  resulta incomprensible el que el PSOE se infiere a sí mismo. Los halagos de los establecidos no faltan, las críticas de sus potenciales votantes son un tumulto.

Íñigo Sáenz de Ugarte lo explica con “meridiana” claridad como diría el maestro en “La cadena perpetua y  el valor de las líneas rojas del PSOE“. Aconsejo su lectura completa, éstas son algunas de las ideas que expone:

“No sé cuántos Pinochos se podrían conceder a Pedro Sánchez por su decisión de firmar en La Moncloa el pacto antiterrorista que incluye una medida ante la que él dice que se opone con todas sus fuerzas. Lo que es seguro es que hemos sido testigos de algo que incluso está por encima del nivel de Kerry. Porque se ve pocas veces que alguien intente negar algo que acabamos de ver con nuestros propios ojos. En tiempo real".

"El acuerdo pactado por el PP y el PSOE no surge del vacío. Sus firmantes se refieren por ejemplo a “las nuevas y diferentes formas que adopta la amenaza terrorista” (sin precisar en qué medida es diferente ISIS a lo que siempre ha sido y ha querido hacer Al Qaeda). Además, el pacto se produce justo cuando el Gobierno de Rajoy va a introducir en el ordenamiento jurídico español una figura que creíamos incompatible con la Constitución: la cadena perpetua, denominada ahora “prisión permanente revisable”. Lo pactado incluye específicamente una referencia a un asunto tan importante como este, aunque lo hace digamos que por eliminación: “En todo caso, el presente acuerdo no se verá afectado por los posibles cambios en el sistema de penas que puedan producirse en el futuro en función de las posiciones mantenidas por las partes en el curso de la tramitación de la reforma del Código Penal”.

En el futuro. Las negritas son mías, porque hay que destacar este ejemplo de doble lenguaje al dejar claro que hay algo que queda fuera de la literalidad del acuerdo, que quizá se produzca o no en el futuro, pero que todos sabemos que va a ocurrir en cuestión de días. Ante esos delitos, y en este caso hablamos de delitos muy graves, la pena que se les asigne tiene la mayor importancia. No es una cuestión menor que se pueda obviar. Sabemos que el PP tiene la intención de emplear su mayoría absoluta para aprobar un agravamiento de las penas.

Pero el PSOE ni siquiera puede afirmar que el asunto de la prisión permanente se queda en esa ausencia ya reseñada. En otra página del acuerdo, se dice que “a los delitos de terrorismo con resultado de muerte les será siempre aplicable la máxima pena privativa de libertad recogida en el Código Penal”. El PSOE acepta esta frase, que como tal no es sorprendente, precisamente cuando la reforma del Código Penal está en marcha en el Parlamento.

Por tanto, y contra lo que afirma el secretario general del PSOE, el pacto incluye, avala y asume que la cadena perpetua va a ser un hecho para el que sólo faltan los trámites parlamentarios correspondientes. Y el PSOE da al Gobierno la cobertura política necesaria para presentar este cambio de la máxima repercusión legal como una prolongación del consenso con el principal partido de la oposición”.

Y la conclusión demoledora:

“España es un país con un bajo índice de criminalidad violenta. Es una sociedad que resistió el impacto dramático de una matanza como la del 11M sin adulterar el sistema de libertades ni propiciar la venganza como sustituto bastardo de la justicia. Hay que reconocer que también es un país donde muchos políticos intentan conservar el poder o llegar a él apelando a los más bajos instintos de la población. A veces, con líneas rojas que no significan nada”.

El PSOE y muchos de sus seguidores fieles y acríticos protestan arguyendo que no avalan la cadena perpetua y que incluso han presentado recurso de inconstitucionalidad. Le han abierto la puerta como vemos, han avalado al PP, sin otra necesidad que Pedro Sánchez abriera los telediarios por una vez – que es lo que empieza a parecer- y presentan un papel para que se arregle lo que han firmado.  De locos.

Rosa María Artal, en El Periscopio

lunes, 2 de febrero de 2015

LA DECEPCIÓN DEMOCRÁTICA

Conviene que nos vayamos haciendo a la idea: la política es fundamentalmente un aprendizaje de la decepción. La democracia es un sistema político que genera decepción… especialmente cuando se hace bien. Cuando la democracia funciona bien se convierte en un régimen de desocultación, en el que se vigila, descubre, critica, desconfía, protesta e impugna.

Pensemos en dos de las más comunes fuentes de desafecto ciudadano hacia nuestros representantes: la corrupción y el desacuerdo. El menos avisado puede tener una impresión demasiado negativa y caer en el típico error de percepción que genera la corrupción descubierta o el desacuerdo institucionalizado propio del antagonismo democrático. La corrupción es siempre intolerable, por supuesto, y la incapacidad para generar grandes acuerdos está en el origen de muchas de nuestras torpezas colectivas, pero deberíamos ser sinceros y reconocer que buena parte de nuestro malestar con la política corresponde a una nostalgia inadvertida por la comodidad en que se vive donde lo malo no es sabido y se reprimen los desacuerdos. La antropología política nos enseña que hay un sentimiento atávico, nunca plenamente superado, de añoranza hacia formas de organización social en las que reine una plácida ignorancia y los políticos, como reza la queja habitual, no estén todo el día discutiendo.

Hay otra fuente de decepción democrática que tiene que ver con nuestra incompetencia práctica a la hora de resolver los problemas y tomar las mejores decisiones. La política es una actividad que gira en torno a la negociación, el compromiso y la aceptación de lo que los economistas suelen llamar “decisiones suboptimales”, que no es sino el precio que hay que pagar por el poder compartido y la soberanía limitada. Está incapacitado para la política quien no haya aprendido a gestionar el fracaso o el éxito parcial, porque el éxito absoluto no existe. Hace falta al menos saber arreglárselas con el fracaso habitual de no poder sacar adelante completamente lo que se proponía. La política es inseparable de la disposición al compromiso, que es la capacidad de dar por bueno lo que no satisface completamente las propias aspiraciones. Similarmente los pactos y las alianzas no acreditan el propio poder sino que ponen de manifiesto que necesitamos de otros, que el poder es siempre una realidad compartida. El aprendizaje de la política fortalece la capacidad de convivir con ese tipo de frustraciones e invita a respetar los propios límites.

Todas las decisiones políticas, salvo que uno viva en el delirio de la omnipotencia, sin constricciones ni contrapesos, implican, aunque sea en una pequeña medida, una cierta forma de claudicación. En el mundo real no hay iniciativa sin resistencia, acción sin réplica. Las aspiraciones máximas o los ideales absolutos se rinden o ceden ante la dificultad del asunto y las pretensiones de los otros, con quienes hay que jugar la partida. No tiene nada de extraño, por ello, que nuestros más fervorosos seguidores aseguren que no era eso a lo que aspiraban. Si además tenemos en cuenta que la competición política crea incentivos para que los políticos inflen las expectativas públicas, un alto grado de decepción resulta inevitable.

Todo esto provoca un carrusel de promesas, expectativas y frustraciones, de engaños y desengaños, que gira a una velocidad a la que no estábamos acostumbrados. Los tiempos de la decepción —lo que tarda el nuevo Gobierno en defraudar nuestras expectativas o los carismas en desilusionar, los proyectos en desgastarse, la competencia en debilitarse— parecen haberse acortado dramáticamente.

Incluso quien se presenta generando las mayores expectativas de renovación —porque no forma parte de lo ya conocido y esa carencia de pasado político le permite gozar de la virginidad política como su principal valor—, no tarda mucho en decepcionarnos. Pronto recurren esos mismos a las jugadas políticas que nos habían escandalizado y se organizan como un aparato clásico. Comienzan “pudiendo”, siguen con un quién sabe y terminan posponiendo indefinidamente las promesas más audaces. Hemos pasado, por ejemplo, de no pagar la deuda a pagarla sólo en parte para finalizar con una inocua auditoría ética (apelando, por cierto, al juicio de los expertos). Es curioso lo poco que tarda el radicalismo en “socialdemocratizarse”. La estrategia para ganar elecciones es muy diferente de la tarea de gobernar, y por eso suele ocurrir que lo primero palidece a medida que se acerca la hora de la responsabilidad. Con el paso del tiempo, lo que era exhibido como radicalidad democrática —que los temas cruciales sean decididos por todos— se revela como indefinición táctica o simple ignorancia acerca de qué debe hacerse. No creo que Podemos tarde mucho en decepcionar, como ocurre con todos los actores políticos, no sólo porque comparten nuestra condición humana sino sobre todo porque en algún momento tendrán que tomar decisiones que suponen aceptar algo como menos malo. La prueba de fuego estará en el momento en que sus votos en una institución impliquen una preferencia por unos o por otros, cuando su abstención abra el paso del gobierno a alguien en concreto, todavía más, cuando tengan que preferir a alguien de “la casta” para gobernar.

¿Qué racionalidad podemos introducir en medio de esta decepción? Creo que lo mejor es partir de una constatación muy liberadora: la política es una actividad limitada, mediocre y frustrante porque así es la vida, limitada, mediocre y frustrante, lo que no nos impide, en ambos casos, tratar de hacerlas mejores. Y en segundo lugar, nuestras mejores aspiraciones no deberían ser incompatibles con la conciencia de la dificultad y los límites de gobernar en el siglo XXI. Lo que hacen los políticos es demasiado conocido y demasiado poco entendido. La sociedad comprende poco los condicionamientos en medio de los cuales han de moverse y las complejidades de la vida pública. Esto no ha de entenderse como una disculpa sino todo lo contrario: es el elemento de objetividad que nos permite agudizar nuestras críticas, impidiendo que campen desaforadas en el espacio de la imposibilidad.

Recordar tales cosas en medio de esa desbandada que llamamos desafección política, cuando están saliendo a la luz múltiples casos de corrupción y la política se muestra incompetente para resolver nuestros principales problemas, puede parecer una provocación. Si lo recuerdo es para defender estas tres tesis: que la política no está a la altura de lo que podemos esperar de ella, que no es inevitablemente desastrosa y que tampoco deberíamos hacernos demasiadas ilusiones a este respecto. Y es que las quejas por lo primero (por su incompetencia) se debilitan cuando uno da a entender que acepta lo segundo (que la política no tiene remedio) y cuando traslucen una expectativa desmesurada acerca de la política. De este modo no pretendo disculpar a nadie, sino permitir una crítica más certera, porque nada deja más ilesa a la política realmente existente que unas expectativas desmesuradas por parte de quien no ha entendido su lógica, sus limitaciones y lo que razonablemente podemos exigirle.

Ahora que todo está lleno de propuestas de regeneración democrática no viene nada mal que analicemos con menos histeria el contexto en el que se produce nuestra decepción política, para que estemos en condiciones de valorarla en su justa medida y no cometamos el error de sacar consecuencias equivocadas de ella. Deberíamos ser capaces de apuntar hacia un horizonte normativo que nos permita ser críticos sin abandonarnos cómodamente a lo ilusorio, que amplíe lo posible frente a los administradores del realismo, pero que tampoco olvide las limitaciones de nuestra condición política.

Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política y Social (en El País)

LÍNEAS ROJAS

El último “Navarrómetro” y los sondeos electorales que poco a poco vamos conociendo sobre el momento electoral de Navarra y el previsible vuelco electoral del próximo mayo, con la presencia de un mínimo de cinco fuerzas políticas ampliable a 7 o incluso 8 en el Parlamento foral, si es que este se produce finalmente puesto que no parece fácil desmontar la red clientelar en que han convertido Navarra los casi 35 años de gobierno UPPSN, han puesto de máxima actualidad la política de pactos que veremos para la formación del próximo gobierno de Navarra y, sobre todo, cuales son las “líneas rojas” de las fuerzas que pueden protagonizarlo.

En el caso de UPN y PP, si los segundos alcanzan representación parlamentaria en caso de concurrir separadamente supuestos sobre los que albergo serias dudas, no están tanto en las que pueden poner ellos, teóricamente EH Bildu y Podemos, y en la práctica solo los primeros, sino en las que puedan poner los demás respecto a ellos, no es fácil alcanzar acuerdos con quienes has estado ninguneando y excluyendo durante tanto tiempo, igual que no lo es mucho más sutraerse a la tentación de mandarlos a la oposición tras la mas caótica legislatura que ha vivido Navarra desde la transición, con un solo presupuesto aprobado de cuatro posibles y el record absoluto que supone que el Ayuntamiento de la capital tenga el dudoso honor de no haber aprobado ni uno solo con el agravante que supone para la inteligencia, encima, repetir candidato. Y todo ello sin olvidar el roto que han protagonizado con las arcas forales y el descosido que supuso el final traumático de la CAN.

Más difícil todavía lo tiene el PSN, probablemente quienes más van a sufrir el rechazo del electorado. Lo que en otras ocasiones ha supuesto una gran ventaja, la capacidad de poder pactar casi con cualquier fuerza política del escenario navarro, se ha convertido en un auténtico boomerang por la nula capacidad de gestionar esa ventaja que han demostrado. Si el famoso “agostazo” fue un auténtico drama para las fuerzas del cambio en Navarra, no había ni una sola razón objetiva ni subjetiva que justificase tal despropósito, con la IA ilegalizada y la presidencia en sus manos por la generosidad de la entonces segunda fuerza; Nafarroa Bai, años tendrán para arrepentirse de aquella decisión, su continuación formando primero un gobierno de coalición con quienes habían dicho en campaña querer arrebatar el poder y siendo incapaces de desalojarlos cuando fueron expulsados del gobierno en uno de los sainetes políticos más absurdos que se pueden llegar a ver, el gobierno de Barcina no hubiera durado ni quince días desde el desalojo de Jiménez en una democracia medianamente normal, los ha dejado absolutamente solos.

Es evidente que oirán los cantos de sirena de UPN, la CEN, los sindicatos UGT y CC.OO. y algunas otras “fuerzas vivas” de Navarra, pero el batacazo promete ser de tal magnitud que ni por esas podría ser posible perpetuar el esquema de poder actual, luego su mirada se tendrá que volver a la hasta ahora oposición, algo realmente difícil cuando no se ha abordado una reforma en profundidad y su cambio se ha limitado a una operación estética de cambio de caras y cuando desde ya se establecen líneas rojas con parte de ella, en previsiblemente mucha mejor posición que ellos para establecerlas. La capacidad de los socialistas navarros de vivir en un universo paralelo no es fácil de emular.

Luego está Podemos, la gran novedad del panorama político navarro y su gran incógnita. En principio no debieran tener ningún problema en pactar con ninguna de las actuales fuerzas de la oposición pero sin programa ni líderes definidos, estos últimos los conoceremos dentro de unos días y lo primero algún tiempo después, lo mismo pueden ser un agente activo del cambio que convertirse en una especie de PSN 2.0 dependiendo de sus resultados y, sobre todo, de su autonomía territorial. Su proceso constituyente y algunos tics jacobinos de sus principales líderes no llaman precisamente al optimismo pero no tienen en su contra la pesada carga que arrastran sobre sus espaldas los socialistas navarros; la memoria del electorado. Debieran estudiar detalladamente la trayectoria del PSN y tomar buena nota de sus consecuencias si no quieren ser una anécdota en el devenir político de Navarra.

Y que decir de EH Bildu, de salida, no tienen más líneas rojas que los partidos que han constituido el régimen político de Navarra durante los últimos 35 años, otra cosa será las que tengan todos los demás con ellos, así como en el caso del PSN la memoria es una pesada losa que opera en su contra. Es evidente que a estas alturas son una fuerza absolutamente legal y que el aparheid político no puede durar ni un minuto más en Navarra, ni con ellos ni con absolutamente ningún otro. Su capacidad de pacto estará en función de sus resultados electorales y, sobre todo, de la flexibilidad que demuestren. Si han bajado del monte definitivamente serán un agente valioso con el que contar y contrariamente a lo que pudiera parecer la peculiar elección de su cabeza de lista puede ser una buena noticia de cara a un entendimiento plural.

¿Y Geroa Bai? Geroa Bai como heredera natural de aquella Nafarroa Bai que pudo ser y no fue, y que tras el sorprendente resultado de las generales de 2011 se puede convertir en uno de los protagonistas principales del cambio, también sus resultados serán fundamentales a la hora de definir ese papel, puede ser si consigue alcanzar la segunda o tercera posición como fuerza política el mejor garante del cambio, dada la capacidad que posee en el momento actual de interlocución con casi todo el arco parlamentario y la personalidad de su líder. Esa posición de cauce central en la política navarra le debe llevar a jugar un papel de integración y a no tener línea roja alguna, incluso a ser garante de que un posible gobierno de cambio no suponga la exclusión de los que hasta hoy han gobernado Navarra. Un gobierno de cambio integrador no puede actuar con la oposición como lo ha hecho UPN con todos los que hasta hoy la han compuesto; mediante el rodillo y la imposición.

Quedan, por último, los minoritarios, aquellos también pueden jugar su papel en este escenario complejo. Izquierda Ezkerra, que como Geroa Bai debe ser un elemento de integración en ese posible escenario de cambio y la, posible aunque improbable, irrupción de C’s o UPyD que no serían más que apósitos de UPPN.

Los resultados de mayo y la capacidad de gestión de las fuerzas del cambio tendrán la última palabra.

Ander Muruzabal, en Nafar Herria

EL CIERRE DE CAMAS PROVOCA EL DESVÍO DE PACIENTES A CLÍNICAS PRIVADAS

El cierre de 97 camas durante la Navidad ha provocado la derivación de numerosos pacientes a clínicas privadas que no han podido ser ingresados en el Complejo Hospitalario, que se encontraba al 100% de ocupación. El departamento no facilita los datos, sin embargo, hay trabajadores de Urgencias que han llevado la cuenta de, por ejemplo, 15 derivaciones a la Clínica Universidad de Navarra en un solo día, debido a la  falta de espacio en las plantas de hospitalización del Complejo o 4 derivaciones a San Juan de Dios durante la jornada laboral de un trabajador el día siguiente.

Estas derivaciones no entran en los conciertos que el departamento de salud tiene contemplados para realizar ciertas pruebas o aliviar las listas de espera. Se trata de pacientes que han acudido a Urgencias, con una patología que requería su ingreso, y no se ha podido efectuar por falta de espacio, mientras permanecían cerradas 97 camas en las que esos enfermos podían haber sido hospitalizados con medios públicos. Un cierre de plazas hospitalarias que supone el 10% del total de Complejo.

El Departamento de Salud justifica los cierres de camas  estacionales porque disminuye la actividad programada, pero no cuenta con picos de incidencia de enfermedades como la gripe que hace que más enfermos acudan al servicio navarro de salud, y se encuentren sin habitaciones disponibles. Desde sindicatos y trabajadores consideran que la medida únicamente responde a criterios económicos para ahorrar personal y no contratar a personal para sustituir las vacaciones.

Los trabajadores aseguran que la derivación a pacientes se produce de forma generalizada, prácticamente todos los días, por falta de espacio en los hospitales públicos. Estas derivaciones conllevan la duplicidad de los resultados de las pruebas, que tienen que acompañar al paciente a la clínica donde sea ingresado, y un aumento del trabajo en  Urgencias ya que, mientras se espera a que una ambulancia pueda trasladarle y la clínica privada a la que vaya a acudir acepte el ingreso, permanece a la espera en el servicio unificado.

eldiario.es

domingo, 1 de febrero de 2015

LOS SOCIALISTAS VASCOS ALERTAN DEL "GRAVE ERROR" DE ASUMIR LA PRISIÓN PERMANENTE

El candidato socialista a la Diputación de Guipúzcoa, Denis Itxaso, advirtió de que si el PSOE "asume la prisión permanente revisable", alcanzando un acuerdo antiterrorista con el PP, cometerá un "grave error" y estará renunciando al principio "resocializador y reinsertador que la Constitución confiere a las penas de cárcel".

En un artículo publicado en su blog, recogido por Europa Press, Itxaso analiza las negociaciones que PP y PSOE mantienen de cara a la conformación de un acuerdo antiterrorista para hacer frente "a la nueva amenaza que supone el yihadismo".

"Al parecer, ambas formaciones se han dado un breve plazo para seguir negociando y el tema de mayor discrepancia sería el de la inclusión en dicho acuerdo de una mención implícita a la cadena perpetua que el PP quiere incorporar", indica.

En este sentido, defiende que si el PSOE "asume la cadena perpetua, o la prisión permanente revisable, como eufemísticamente se le quiere llamar ahora, como una de las medidas a adoptar frente a la amenaza del fanatismo islámico", estará "renunciando al principio resocializador y reinsertador que la Constitución confiere a las penas de cárcel".

"Un sistema que el propio PSOE construyó y que ha gozado de amplio consenso ciudadano desde la Transición. Creo que endurecer el Código Penal es una respuesta fácil que los gobiernos sin ideas tienden a adoptar para satisfacer los instintos primarios de una ciudadanía cuya conciencia se ha militarizado a causa del miedo, de la incertidumbre y de la falta de respuestas", alerta.

Por ello, cree que sería un "grave error" que los socialistas "abdicásemos de nuestros valores, y de nuestra propia visión sobre la seguridad y la libertad, por más que la amenaza terrorista esté radicalizando a la opinión pública".

En esta línea, se pregunta si es la "cadena perpetua" un mensaje que disuadirá a los criminales, "cuyas lógicas y comportamientos obedecen a coordenadas radicalmente distintas a las occidentales". "¿O es más bien un gesto para calmar a los sectores más levantiscos de la derecha, que propugnan el 'ojo por ojo' y una política basada en la venganza?", señala, para añadir que es "corto de miras pretender resolver un problema del siglo XXI con recetas del XIX".

Por ello, aboga por que, junto a la labor de las fuerzas de seguridad y de los servicios de inteligencia, se realice una "inversión de fondo por la integración multicultural, para evitar que en estas bolsas de desengaño y frustración social termine por prender la llama del odio y de la exclusión".

infolibre.es

ABERTZALETASUNA EZ DA SABINISMOA

Pasa den urtarrilaren 26an Sabino Aranaren 150. urteurrena ospatu da. Aitortu behar da ukaezina dela ikurrinaren asmatzaileak izan duen eragina XX. mendeko abertzaletasun politikoaren osaketan eta garapenean, beraz, logikoa da omenaldi eta oroipen ekitaldi anitz burutzea mugaegun horretan. Baina seinalatu behar da, halaber, ospakizun horietako askotan euskal aber-tzaletasunaren gaineko ikuspegi partzialak nagusitu direla eta sakontasun handirik gabe berehala jo dela partea baizik ez dena absolutu bezala tratatzera. Horrela gertatu da, nire ustez, “Sabin Etxean” eta beste foroetan entzun diren hainbat diskurtsoetan; Sabino Arana abertzaletasun modernoaren sortzailea izan dela erratera iritsi delarik. Beraz, begirune osoz, baina modu kritikoan, nire desadostasuna agertu nahi dut.

Lehenik erran behar da pentsamendu abertzalean ez dagoela sortzezko batasun eta abiapuntu bakarrik, ez sabinianorik ez bestelakorik. EAJko fundatzaileak, beraz, ez du agortzen abertzaletasun modernoaren iturria; aldiz, zuzena da bera baino lehenagoko beste pentsalari batzuk bidea urratzen hasi zirela seinalatzea. Horrela, Arana Jaunak aldarrikatutako abertzaletasun erromantiko, kontserbadore eta konfesionalaren aurrean (Jaungoikoa eta Lege Zaharra) tradizio errepublikazalezko aurrekari arraso inportante batzuk izan genituen euskaldunok; hain ezaguna ez den baina testigantza guztiz eredugarria utzi zigun Agosti Xaho zuberotarra, errate baterako. Xaho, sozialista eta errepublikazalea izanik, Euskal Herriaren independentzia proposatu zuen Espainiak eta Frantziak haren gainean ezar-tzen zuten zapalketa politikotik askatzeko. Historiak ez du sobera ongi tratatu Xahoren pentsamendua eta ia ezezaguna izaten jarraitzen du Hegoaldeko euskaldunen artean ere, besteak beste diskurtso boteretsuenak bere nagusitasuna inposa-tzen baitu euskal abertzaletasunaren teorizazioan ere. Baina konbentzituak gaude gaur egungo abertzaletasun eredu berria biziki aberastuko litzatekeela Xahoren proposamenetara gehiago hurbilduko balitz.

Baina ez da Xaho aipa daitekeen adibide bakarra. Nafarrok Serafin Olave, I. Errepublikako diputatu nafarra proposa genezake errepublikazale federalistaren adibide gisa. Honek Nafarroa (Nafarroa Behera barne), euskal probintziak eta Errioxa bilduko lukeen federazio bat proposatu eta Nafar estatua aldarrikatu zuen. Jarrai genezake baina dagoeneko aski da exenpluetan sobera ez luzatzeko.

Dena den aurreko guztia ongi dago ezagupen kultural gisa baina, horretaz landa, agerian utzi nahi nuke abertzaletasunaren ikuspegi aldebakarreko horrek eragin murriztaile bat izan duela ondorengo politikagintzan, gaur egunean bizitzen ari garenean alegia. Izan ere hainbat kasutan zaila egiten baita abertzaletasunaren barrenetik ikuspegi nafarrak edo iparraldekoak -batzuentzat periferikoak diren horiek- defendatzea bizkaitarrismoaren aurrean. Horra hor “Euskadi” terminoaren erabilerari buruzko gorabeherak, Nafarroako bandera Euskal Herri osoko ikur gisa erabiltzearen inguruko zalantzak, etab. Dudarik gabe zentralismo desegoki horren muinean kultura abertzalea bere aniztasunean ez ezagutzea eta sabinismoaren gehiegizko eragina daude. Beraz, koka ditzagun gauzak bere tokian eta sinets dezagun etorkizunari begira abertzaletasunaren teorizazioa ezkerretik, errepublikazaletasunetik eta orain arte periferiatzat hartua izan den esparru geografiko horietatik aberastu behar dugula topiko historikoetatik haratago.

Xabi Lasa Gorraiz, Aralar Nafarroako koordinatzailea

PATRIA

Hace muchos años que la palabra patria no se repetía tanto en un gran acto político en la capital de España. Ante la multitud congregada en la Puerta del Sol de Madrid y calles aledañas, el partisano Pablo Iglesias habló ayer de la patria seis o siete veces. Patria es la gente. Patria es el bienestar de la gente. Patria es el pueblo. Patria es el coraje popular el 2 de Mayo de 1808, mientras los poderosos huían o pactaban con el invasor. Patria es la gente en la Puerta del Sol el 14 de Abril de 1931. (En este punto, Iglesias evitó, cuidadosamente, mencionar la palabra república). Patria es el Quijote soñador, que nunca debiera convertirse en señuelo comercial, puesto que España es una patria y no una marca. Patria iba diciendo Iglesias y la gente le aplaudía con entusiasmo. Ayer en el centro de Madrid tuvo lugar un bautizo.
Ha nacido, con rabia y energía, una nueva corriente política en España. No es un suflé. No es un ingenioso artificio de las redes sociales. No es un simple juguete de la televisión privada, que intentará destruir a la criatura cuando acabe de constatar que se le escapa de las manos. No es un espejismo de las encuestas. No se deshinchará en cuatro días. No es probable que gane las próximas elecciones generales, pero su ascenso puede trastocar el futuro Parlamento español y otras muchas más cosas, entre ellas, la Generalitat Valenciana, la Comunidad de Madrid, el Principado de Asturias, el gobierno balear, la Navarra foral y el Parlament de Catalunya, entre mayo y septiembre. El fenómeno Podemos va en serio y ayer quedó perfectamente demostrado.
Patria. El Partido Socialista Obrero Español nunca lo había enfocado exactamente así. El Partido Comunista de España, tampoco. (Algunas pinceladas de Santiago Carrillo en 1977). Izquierda Unida, tampoco. Incluso el Partido Popular habla poco de patria. Gran promotor de la ‘marca España’, el PP prefiere reivindicar la “gran nación española”. Cuarenta años después de la muerte del general Franco, un grupo de jóvenes contestatarios, provenientes en su mayoría de la escuela marxista, utiliza la palabra patria para convocar la formación de un nuevo bloque político-electoral opuesto a la línea que gestiona la crisis. No les da vergüenza. Ya no les da vergüenza. Patria es uno de los lemas de la nueva izquierda. Esa es la novedad de ayer en Madrid. Y no es menor.
No es una novedad intrascendente, dada la capacidad que está demostrando Podemos para moldear el lenguaje político. Han implantado la casta en el habla coloquial y capilar. Han obligado al Partido Socialista a convocar “asambleas abiertas” en mangas de camisa, y han llevado al Partido Popular a bautizar como “plazas” los espacios de debate de su última convención. Se aceptan apuestas para ver cuanto tardan todos los demás en incorporar la patria en sus discursos distintivos. El joven Albert Rivera, apolíneo y ascendente en los sondeos, seguramente será el primero. Y en Catalunya, donde se habla sin descanso de la nación, podría darse un regreso semántico a la patria, Jordi Pujol apelaba al patriotismo. La pàtria dels catalans fue el inmejorable título de un conjunto de ensayos publicado en el 2009 por el historiador Josep M. Fradera, gran profesional. “Un esfuerzo para entender el país. La patria en el sentido más literal. El lugar donde han vivido abuelos y padres, las generaciones pasadas. El lugar donde hemos aprendido que el ámbito doméstico forma parte de una sociedad particular, forjada por la historia”, escribía Fradera.
Podemos también habla de patria porque pretende ser un partido distinto a los demás. La única organización política que hoy puede congregar a cerca de doscientas mil personas en Madrid sin apoyo institucional.

El público. Gente de todas las edades, con preponderancia de personal maduro. Trabajadores y empleados. Estudiantes y jubilados. Parados y sindicalistas. Gentes que algún día votaron al PSOE e IU. Banderas de todas las autonomías. Las enseñas de Catalunya y Euskadi, también. Y un buen número de banderas republicanas. Iglesias y los demás oradores evitaron toda referencia a la jefatura del Estado. Podemos no pide república, pero el morado es su color distintivo.
Izquierda Unida va a ser triturada –la organización de Madrid de IU está a punto de estallar– y tiene todos los números para convertirse en el KKE hispánico (KKE, el fosilizado Partido Comunista griego). El joven Alberto Garzón llega tarde. Y el PSOE tiene ante sí un grave problema. Mientras el pueblo de izquierda vibra con Podemos, el veterano sanedrín socialista ha tomado la increíble decisión de impugnar al secretario general Pedro Sánchez en pleno ciclo electoral. Quieren recomenzar desde Sevilla. Van a llegar a las municipales de mayo con un líder al que se le está poniendo triste la mirada. El Partido Socialista, que muchas veces se ha contemplado a sí mismo como una patria, corre el serio riesgo de quedar atrapado por esta última maniobra y devenir el partido regional del sur de España.

Enric Juliana, en La Vanguardia