lunes, 8 de agosto de 2016

LAS CAPAS DEL ESTADO ISLÁMICO DE IRAK Y SIRIA

El estado islámico de Iraq y Siria (en adelante ISIS) apareció el año 2013. Sin embargo en su construcción hay que distinguir tres capas (1) históricas de experiencias e influencias: una capa afgana, la más antigua y profunda; una capa iraquí que se superpone a la anterior; y, hoy, una capa siria, la más reciente.

Estas capas se presentan aquí de acuerdo con la tesis de Georges Balandier en su Antropología Política en la que sostiene que las experiencias, las prácticas y las formas más modernas no ocupan el lugar de las más antiguas, sino que se alinean sobre ellas, formando una nueva capa. Mircea Eliade en su libro Historia de la ideas y doctrinas religiosas sostiene, asimismo, que los elementos más antiguos de los fenómenos sociales y religiosos son los que dejan más huella en su formación y los más modernos son los que saltan a la vista y relacionan el fenómeno con su medio temporal.

La capa afgana
De la capa afgana ISIS tomó un modelo precoz de red globalizada. Probablemente ¨la jihad¨ islámica y árabe de Afganistán de los años ochenta del siglo pasado es el modelo de red más temprano de la globalización, incluso anterior a la difusión de este concepto en los años noventa del siglo veinte.
En aquel tiempo Afganistán estaba bajo la ocupación soviética y los servicios centrales de inteligencia americanos (la CIA), desde el último año de la presidencia de James Carter, con la planificación de su secretario de seguridad nacional, Zbigniew Brzezinski, habían propiciado la construcción de un movimiento islámico de resistencia a los soviéticos, que los desgastase y diese respuesta a la derrota de los americanos en Vietnam, aún fresca en la memoria por aquellos días.
La planificación de la jihad afgana y su dotación de armamento fue obra de los EEUU y la financiación fue básicamente saudí. Los servicios de inteligencia saudíes, paquistaníes y egipcios intervinieron para allanar el camino y facilitar la organización. El asunto siguió su curso con la complacencia de los gobiernos del momento y con su impulso, no a sus espaldas o a pesar de ellos. Es necesario tener presente este punto esencial: los primeros patrocinadores del jihadismo contemporáneo son estados y a su cabeza los EEUU. En tanto la jihad contra los rusos fue una operación militar de grupos nacientes, el trato-colaboración con estos grupos tenía lugar a nivel de los servicios de inteligencia y de los asesores militares, y no a nivel de los jefes de Estado o de los ministros de exteriores.
En cuanto a la composición humana del movimiento de la jihad afgana, se reunieron en él afganos, naturalmente, y con ellos un gran número de combatientes de la mayoría de los países árabes. De Arabia Saudita y Egipto, de Siria –en el contexto de la derrota definitiva de los hermanos musulmanes en la lucha con el régimen de Hafed Al Asad entre finales de los años setenta y comienzos de los ochenta del siglo pasado– y de Argelia. Asimismo acudieron islamistas (2) palestinos en un contexto caracterizado por la salida de la OLP de Beirut en 1982. En su conjunto constituyeron, en los años noventa del siglo pasado, un fenómeno que se denominó ¨los afganos árabes¨, ¨los mujahidines¨(3), que regresaron a sus países después de la derrota de los soviéticos.
La construcción de una red islámica para luchar contra la Unión Soviética, en lugar, por ejemplo, de un movimiento de liberación nacional laico, no fue un invento que surgió de la nada. El cerco a la Unión Soviética con un ¨cinturón verde¨ islámico estuvo presente en el pensamiento americano en la época de la guerra fría. La liga islámica había sido utilizada, con patrocinio saudí y dirección americana, contra el nacionalismo árabe y contra el comunismo desde los años sesenta del siglo veinte.
La islamización de la jihad afgana otorgaba a Arabia Saudí y a Pakistan (bajo la dirección de Zia ul Hak) un papel preponderante en la construcción de este movimiento jihadista. Es sabido que la monarquía wahabí era un aliado muy fiable de los EE UU, y centro de control de los flujos y precios mundiales del petróleo. No parecía en aquel tiempo que los americanos tuviesen algo que temer por parte de la monarquía saudí, rica financieramente, débil en lo militar y aliada de los EE UU en lo político. Además, parecía que, después de la revolución iraní y el ascenso de los islamistas en numerosos países árabes, los islamistas posiblemente fuesen el adversario más cualificado del comunismo soviético, en su condición de fuerza de ocupación de Afganistán, pero también en el ámbito interior del imperio soviético (las repúblicas islámicas de Asia central), también, y antes de eso, a nivel interior en cada una de ellas.
Anwar Al Sadat, por ejemplo, había promovido a los islamistas frente a la izquierda egipcia y en apoyo de su gobierno que se proponía cortar con el nasserismo y sus políticas.
En el plano ideológico Afganistán fue el laboratorio en el que se encontraron el wahabismo saudí y el qutbismo (4) egipcio (movimiento de Sayyid Qutb). Este encuentro fue político, humano e ideológico. Político, puesto que Arabia Saudí y el Egipto de Sadat (y con ellos Pakistán) eran los más entusiastas en el marco del plan americano para enfrentarse a los soviéticos y allanar el camino para hacer del Afganistan ocupado una base de la jihad islámica contra ellos. Humano, porque un porcentaje grande de los mujahidines eran de los dos países y del mismo Afganistán. Ideológico, dado que los saudíes profesaban el credo wahabi que, el mismo año de la ocupación de Afganistan, 1979, había soportado la ocupación del recinto sagrado de la Meca a cargo de Juhayman al-Otaybi y su grupo salafista (es el mismo año que presenció la caída del sha de Irán y el triunfo de la revolución iraní; el mismo año en el que ocurrió la matanza en la escuela de artillería en Alepo a manos de la Vanguardia Combatiente de los hermanos musulmanes).
En cuanto a los egipcios, los últimos años del gobierno de Gamal Abdel Nasser y los años del gobierno de Sadat, habían sido años de ascenso y arraigo del qutbismo y la tendencia jihadista entre sus filas
Ciertamente, Al Qaeda no se constituirá sino después de la caída de la Unión Soviética, vinculada a su derrota en Afganistán. Sin embargo la jihad afgana fue el experimento constitutivo, la prehistoria de la formación de Al Qaeda. La batalla de Afganistán es la ¨victoria¨ que dio legitimidad a grupos que a continuación se difuminaron y no volvieron a tener una causa clara después de la caída de los soviéticos y de que la administración de los americanos diese la espalda al Afganistán destruido.
La derrota de los soviéticos en Afganistán fue un elemento importante en el camino que concluyó con la caída de la Unión Soviética como polo mundial y, por consiguiente, con la perdida para los EE UU de su enemigo comunista. Hasta ese momento los islamistas no habían hecho nada importante contra los intereses occidentales (la violencia que habían practicado los árabes contra los intereses occidentales, entre los años cincuenta y principios de los ochenta del siglo XX, se produjo bajo banderas nacionalistas, izquierdistas y de nacionalismo árabe, y solo más tarde, en los años ochenta la practicaron bajo la bandera chií).
Los americanos eligieron el terrorismo islámico como enemigo sustituto, y el relato de ¨la guerra contra el terrorismo¨ se convirtió en una gran historia en el tiempo ¨del fin de los grandes relatos¨, según Jean-François Lyotard. Es posible que el rechazo de Osama Bin Laden a la entrada de las fuerzas americanas en Arabia Saudí , el año 1990, inmediatamente después de la ocupación de Kuwait por Iraq, haya tenido un papel importante en ello.
Sea como fuere, la idea americana de lucha contra el terrorismo prestó un gran servicio al jihadismo suní carente, al contrario de su homologo chií, de un centro estatal, y este jihadismo organizó en cambio una forma de imperio reticular alternativo, Al Qaeda.
Esto en el mismo contexto en el que se erigió ¨el nuevo sistema mundial¨, el sistema de un solo polo, los EE UU, que fijó como su enemigo ¨el terrorismo islámico¨. En aquel momento, y más después del 11 de septiembre de 2001, no era extraño que se dijese que el mundo esta formado por dos polos: EEUU y el terrorismo islamista. Y Al Qaeda no pudo soñar con una propaganda mejor que esa.

La capa iraquí
Sobre esta primera capa, la más antigua de las que forman Al Qaeda, apareció una segunda capa, iraquí, cuya constitución siguió a la ocupación americana del país. Los americanos fueron quienes crearon el barro con el que se fabricó Al Qaeda en los años noventa, y los que justificaron la ocupación de Iraq por la cooperación del régimen de Sadam Husein con Al Qaeda. Esto fue absolutamente mentira, pero se convirtió en la profecía autorrealizada. Así los americanos crearon, a través de la ocupación y el desmantelamiento del estado iraquí, y facilitando el control chií sobre un estado en reconstrucción desde casi cero, unas condiciones idóneas para la acción de los jihadistas. Además, su guerra histérica en Afganistan esparció a los jihadistas no afganos hacia lugares más lejanos, fuera de su núcleo originario (5), a más de ser un paso adelante importante para la propaganda de Al Qaeda entre sectores de los jóvenes musulmanes.
Y esta vez el régimen sirio, que temía que los americanos, que habían ocupado dos países en menos de año y medio, Afganistán y Iraq, se diesen la vuelta contra él, tuvo un papel importante al facilitar la entrada de los jihadistas a Iraq. La primera oleada de sirios no fue de Al Qaeda. Ciertamente, eran, por sus motivaciones, una mezcla de tendencia patriótica y de nacionalismo árabe e islámico hostil al dominio americano, lo que satisfizo al régimen sirio. Recuerdo que en la antesala de la preparación americana de la invasión de Iraq, seis meses antes de esta, visitaron Bagdad intelectuales y artistas sirios expresando su solidaridad contra la invasión inminente. La primera oleada de combatientes no estuvo muy lejana de los ambientes de aquellos solidarios, y la mejora de las relaciones entre los regímenes de Sadam y de Bachar facilitó este hecho en aquellos momentos. No se hicieron de al-Qaeda aquellos combatientes, que no regresaron durante semanas y siguieron vivos, sino por el hecho de la agresividad de los americanos y la marginación practicada por los nuevos gobiernos chiíes. Después comenzaron a llegar los herederos de la jihad afgana, con sus recuerdos y sus experiencias.
La misma AlQaeda se someterá a más de un cambio en el laboratorio iraquí con la aparición del grupo ¨Al Tauhid wa Al Jihad¨ bajo la dirección de Abu Musab al Zarqawi. Este es un movimiento que, a continuación, jurará fidelidad a Osama bin Laden y es, por otra parte, el producto de los ambientes y de las experiencias afganas, fiel al paradigma salafista jihadista. Después Al Zarqawi constituirá ¨el Estado de Iraq islámico¨ que recibió fuertes golpes de los americanos, entre ellos la muerte de su propio fundador el año 2006. Este mismo Estado de Iraq islámico padeció también el asedio de los ¨Sahwats¨, que son círculos sunníes iraquíes, básicamente tribales, que gozaron del apoyo americano para enfrentarse a Al Qaeda. Estos círculos mostraron aversión hacia el grupo de Al Zarqawi que era extremista en su sectarismo y en su acusación de infiel a los chiíes, y, a diferencia de Al Qaeda, se centraba en combatir al ¨enemigo próximo¨.
Efectivamente, los Sahwats tuvieron éxito en su asedio hasta el punto que estuvieron cerca de su exterminio. Pero pronto sufrirían la marginación y a la humillación a que les sometía el régimen de Al Maliky, se debilitaron, y algunos cambiaron de bando para ponerse al lado del Estado de al Zarqawy. Una parte de los oficiales de los servicios de inteligencia y del ejercito de Sadam, sunníes, que fueron privados de sus empleos y y cuyas comunidades locales fueron marginadas, se entregaron con entusiasmo al lado del Estado de Iraq islámico, cooperando con el o trabajando dentro de sus unidades.
De este modo se desarrollaron en el laboratorio iraquí los preparativos, las prácticas y las relaciones que forman la segunda capa en la formación de lo que llegará a ser ISIS: un componente de inteligencia policial fuerte que refuerza el carácter secreto de al Qaeda como imperio reticular globalizado, que aumentó su hostilidad hacia los gobiernos patrocinadores de la jihad afgana desde el despliegue de las fuerza americanas y occidentales en Arabia Saudi en 1990, inmediatamente después de la ocupación de Kuwait por Iraq.
Esta transformación ocurrió asimismo sobre un telón de fondo que dejo a Afganistán, después de la derrota de los soviéticos, en la situación
de un país destruido que no recibió ayuda digna de mención para su recuperación política y económica. Así se consolidó la hostilidad contra los patrocinadores anteriores, inmediatamente después del 11 de septiembre con la ocupación americana de Afganistán y la puesta en el punto de mira de los jefes de Al Qaeda con detenciones y asesinatos. Además de todo esto estaba como telón de fondo lo que denominarán Hasan Abu Hania y Muhamad Abu Raman ¨la crísis sunní¨, muy grave y extendida de Iraq a Siria y Libano (su libro La organización del estado islámico: la crisis sunni y la lucha por la jihad mundial, 2015).
Del laboratorio iraquí surgió también un proyecto de estado y de control sobre un territorio, a diferencia de la red no centralizada que no dispone de zona geográfica. La red es internacional, sin embargo el Estado es la aplicación de la doctrina salafista jihadista en un solo país, de un modo que recuerda la aventura de los partidos y movimientos comunistas en el s. XX.
En realidad esta es la evolución más importante: la transformación de Al Qaeda de red salafista jihadista en un estado de inteligencia policial violento que se basa en la doctrina salafista jihadista. El peso del Estado y de los servicios de inteligencia en la estructura de esta nueva criatura, se dirigió con firmeza a superar el peso de la doctrina salafista jihadista, de una forma que recuerda a su vez la relación entre la ideología marxista leninista y los estados y aparatos que se formaron en su nombre y extrajeron su legitimidad de ella.
En el laboratorio iraquí se desarrolló también un componente de hostilidad al chiísmo que no fue fundamental en el marco afgano. Y más importante aún que eso, los dirigentes del estado de Iraq islámico, que se transformará, después de su expansión siria, en ISIS, son básicamente iraquíes.

La capa siria
ISIS, como tal, apareció el año 2013. Antes de su aparición, desde el año 2011, había comenzado la expansión de los mujahidines de Al Qaeda en el interior de Siria, meses después del comienzo de la revolución siria. El frente Al Nusra (7) fue creado en enero de 2012. En esta ocasión la expansión no tuvo lugar por obra de una ocupación desde el exterior, como fue la soviética en Afganistán o la americana en Iraq, sino por obra de una ocupación interior, si es lícita la expresión. Me refiero al comportamiento bélico, cada vez más brutal, del régimen de la dinastía de los Asad con los que con anterioridad habían protestado contra él.
Al Nusra se beneficiará también de la excarcelación por Bachar Al Asad de los presos salafistas (posiblemente todos los presos salafistas) a principios de junio de 2011. Es probable que el régimen haya querido fomentar un movimiento salafista jihadista de tipo experimental al que antes había podido controlar, como ¨Junud al Cham¨ y ¨Fatah al Islam¨, para garantizar una firme adhesión de la variada masa de población siria a su posición, incluyendo a todos los descendientes de las minorías y a sectores del entorno sunní, además de postularse a sí mismo como un aliado en la guerra contra el terrorismo.
Por lo que se refiere a ISIS, en Siria fue más visible el proyecto de Estado y de dominio sobre un territorio y unos recursos, incluso antes de que ISIS emprendiese la expansión en Iraq y ocupase la ciudad de Mosul desde la que anunciará el califato en junio de 2014. Sin embargo en Siria sobresaldrá el componente de inteligencia policial, que se muestra enemiga de forma brutal de la sociedad local y de la revolución siria, con una mayor aversión que la que profesa al régimen sirio.Durante casi año y medio desde la aparición de ISIS, entre abril de 2013 y septiembre de 2014, el régimen sirio no hizo nada digno de mención en su contra
En Afganistán, los mujahidines se enfrentaron a la ocupación soviética, después se transformaron en jihadistas y entraron en guerra con los americanos; en Iraq se enfrentaron a los americanos y al gobierno chií dependiente de ellos y de Irán; en Siria se enfrentaron básicamente a la revolución y a las formaciones combatientes contra el régimen.
Lo que reforzó este aspecto fascista, además del elemento de inteligencia policial desarrollado en la constitución de ISIS, es el hecho de que la mayor parte de los jihadistas no sirios se unieron al ISIS después de la escisión de ésta del Frente Al Nusra en abril 2013 (el frente Al Nusra juró fidelidad públicamente a Al Qaeda en aquel momento con objeto de defender su ¨espalda jihadista¨). Y los ¨muhajirun¨ son aquellos sin vínculos locales con los entornos sociales sirios, entornos que carecen por su parte de mecanismos de presión sobre ellos (los muhajirines) por el hecho de ser extranjeros en toda la extensión de la palabra. Los iraquíes y los emigrantes son los que ocupan las posiciones de la dirección general de ISIS en Siria.
Durante casi año y medio desde la aparición de ISIS, entre abril de 2013 y septiembre de 2014, el régimen sirio no hizo nada digno de mención en su contra, y fue así hasta que comenzó la guerra de la alianza americana contra ISIS en otoño de 2014, siendo el teatro de operaciones de esta guerra Iraq básicamente, no Siria.
Si la capa más antigua y más profunda en la formación de ISIS fue salafista jihadista, que se formó del encuentro de dos afluentes, wahabi y qutbi, en el escenario afgano, sobre la que se alineó después una capa iraquí suní de inteligencia policial, si es así, digo, entonces el observador no distingue claramente un elemento constitutivo sirio en la construcción de ISIS, salvo el nombre despectivo con que lo denominaron los sirios, ¨ Daesh¨.
No hay un elemento ideológico específico sirio, tampoco un elemento político o de seguridad. La más importante posición que ocuparon los sirios en la estructura de ISIS es la posición de su portavoz, Abu Muhamad Al Adnani quién es un producto del laboratorio iraquí sin historia afgana anterior. Después vinieron responsables de seguridad y teólogos locales. ¿Acaso la ausencia del elemento sirio constitutivo proviene de la novedad de la experiencia jihadista en Siria? Quizá.
Pero esto no equivale a decir que ISIS no se desarrollo en el escenario sirio o que su influencia sobre ISIS fuese limitada. Sino todo lo contrario. ISIS se constituyó como estado en Siria, y en ella controló un territorio con un control firme y extenso, y en ella también desarrollo sus especifidades como un régimen colonialista de ocupación que se basa en atraer a colonos emigrantes y establecerlos en residencias cuyos dueños han sido expulsados contra su voluntad o han huido de ellas, en Raqa especialmente. Esos son jihadistas, es cierto, pero ellos se benefician económicamente (viviendas y esposas, no solo salarios) de un modo que no es comparable con los jihadistas de Iraq después de la ocupación americana. Si consideramos que ISIS es una mezcla de organización nihilista terrorista, de estado fascista y de un régimen colonialista de ocupación, es posible decir que su característica imperialista se desarrolló en el laboratorio sirio, mientras el embrión del estado fascista se remonta al estado de Iraq islámico que estableció Abu Musab Azarqaui, en tanto el elemento de la organización terrorista se remonta al laboratorio afgano.
De otra parte hay un elemento económico sirio que aportó una gran vitalidad a la formación de ISIS: el control sobre el petróleo sirio de Deir al Zor que proporciona al estado califal más de dos millones de dolares diarios, tal como ha revelado una investigación documentada que realizó la revista siria de Deir al Zur ¨Ain Al medina¨ . Asimismo, el control sobre las propiedades de la población y tierras agrícolas en Raqqa y Deir al Zur. La zona de Al Jazeera (9) se consideraba una colonia interior en tiempo de los Asad, y el asunto no parece distinto hoy en tiempos de ISIS que desarrolló rápidamente su dimensión imperialista colonizadora de ocupación.
A este propósito el informe mencionado habla de una relación en torno al petróleo entre ISIS y el régimen de Asad a través de la empresa Anisco que posee el financiero G. Haswani.
Con anterioridad, la novedad, o el hecho diferencial que sufrió Al-Qaeda en Siria fue fundamentalmente la escisión entre el frente Al Nusra e ISIS. La formación de Al Nusra es más siria, y se enfrenta al régimen en efecto, pero tiende a controlar con firmeza la sociedad local y lucha contra sus formaciones civiles y con otros grupos militares.
Además en el laboratorio sirio surgió otro hecho que esta representado en la transformación del salafismo jihadista de red globalizada, que Al Qaeda había desarrollado en Afganistán, a un paradigma que transciende las organizaciones y que incluye a grupos no partidarios de Al Qaeda e incluso hostiles a ella, y contrarios a ISIS especialmente. En el laboratorio sirio encontramos, al mismo tiempo, la propagación del salafismo jihadismo y su explosión del modo que aún tiene lugar ante nuestros ojos, y no sabemos cuales puedan ser sus resultados después de la expansión de las fuerzas de ocupación rusas y sus operaciones.
ISIS es la organización en la que el modelo salafista jihadista se encarna de manera más completa, de modo que presiona a los otros grupos y los arrastra detrás de su organización, como presionó el estado soviético en el siglo pasado a la red comunista internacional extendida en docenas de países.
Estos grupos (el frente Al Nusra, Ahrar Al Cham, Jund Al Aqsa, jaish al Islam...) pueden ser políticamente enemigos de ISIS, pero están situados, intelectual y doctrinalmente, en el campo de gravedad en el que tiene lugar la realización completa de su modelo, de tal modo que encuentran dificultad para enfrentarse a ISIS, incluso cuando ISIS toma la iniciativa de atacarlos. Esta realidad explica la indecisión de estas organizaciones para enfrentarse a ISIS, de un modo que documentó con extrañeza el informe de Ain al Medina antes mencionado.
El informe habla de una declaración conjunta, que casi se aproxima a la súplica, del frente al Nusra, Ahrar al Cham, y jaish al-Islam, fechada en Deir ez-Zor el 28/11/2013, rogando a Abu Bakr al-Baghdadi un juicio de sharia para dirimir una disputa sobre el control de una fábrica de gas, ¨para enterrar la fitna (8)¨ y cortar el camino a los tendenciosos. Esto ocurrió cuando el frente Al Nusra, solo, tenía mas de mil combatientes y varios miles sus grupos aliados, mientras que el numero de los combatientes de ISIS no sobrepasaba los 200 (!).
Es lo que se repitió otra vez en Raqqa a principios del 2014, cuando la expulsión de ISIS estaba al alcance de la mano, pero los combatientes de Ahrar al Cham evitaron el enfrentamiento bajo la excusa de no derramar sangre musulmana (!). ISIS no tardó en derramar sangre de más de 120 combatientes de Ahra al Cham que estaban en retirada en aquel entonces. No es una cuestión de fuerza militar, es una cuestión de supremacía, es decir, de la fuerza que tiene la convicción y la claridad de objetivos que nace de la posesión de un poder para definir lo que es el islam en si mismo. Con esto ISIS ¨rompe un ojo¨ (hace valer su autoridad indiscutible) a sus adversarios que no le siguen y tampoco desarrollan un patrón diferente.
Quizá la mala suerte de Siria es que los americanos salieron con dos enseñanzas aprendidas, como improntas, de sus dos experiencia en Afganistán e Iraq. De Iraq salieron con la enseñanza de que es necesario la conservación del ¨Estado¨ en el que los nuevos conservadores, en pleno auge de su teoría ¨revolucionaria¨, habían desmantelado sus aparatos salvo el ministerio del petróleo, y habían despedido a sus cuadros debido a la petición de sus aliados, los partidos chiies de oposición. En Siria parece que la única constante de la política de los americanos durante cinco años, es impedir la caída del régimen que ocupa el Estado y lo utiliza para el asesinato de su pueblo.
La lección afgana con la que salieron los americanos fue evitar el impacto directo sobre el foco de concentración jihadista, y así evitar esparcir sus pedazos a otras zonas del mundo. Esto es lo que dijo personalmente el presidente Obama en noviembre pasado y es acorde con la cautela, americana e internacional, en enfrentarse a ISIS. El plan, a lo que parece actualmente por lo menos, es el cerco, no la desintegración de la estructura asesina. Lo que quiere decir que ISIS permanece a corto plazo, aunque sin extenderse.
Queda mencionar la existencia de las extensiones periféricas de ISIS fuera del centro sirio e iraqui, en Libia, Egipto, etc. pero no poseemos datos suficientes de sus circunstancias.

Lo anterior y lo nuevo
Este articulo no se ha ocupado de la explicación del nacimiento del fenómeno estudiado y sus evoluciones, pero en tanto hemos hablado de capas históricas, parece que la más antigua de estas capas no permanece viva salvo por efecto de utilizaciones y de nuevas adquisiciones más modernas, estimulando esta capa más antigua las posiciones, los roles y los marcos sociales del período actual. No hay un principio de continuidad histórica que actúe automáticamente, es una ilusión cuyo origen es nuestra inclinación natural a imaginar que lo anterior domina a lo posterior. Lo contrario es lo correcto. Lo posterior tiene supremacía sobre lo anterior, lo reforma y lo reinterpreta y le da vida. Lo antiguo no permanece vivo si no lo vivifica lo más moderno que es lo único vivo y lo que da vida. Y si el pasado antiguo aflora, después de una desaparición y olvido, es porque hay quién lo reaviva y tiene necesidad de reavivarlo. El ser humano tiende irrevocablemente a la recuperación y a tomar lecciones del pasado, ¨la resurrección¨, y no a la innovación. Por eso los hechos no dejan de repetirse en la historia.
Lo que se quiere decir es que ISIS es la más alta de las capas del salafismo jihadismo y que su capa siria, la colonialista, ostenta la supremacía sobre su capa iraqui, que es la estatal de inteligencia policial, y es muy probable el desarrollo de esta capa siria en Iraq mismo en una dirección colonialista. Si no se desarrolla en esta dirección que marca la capa más moderna, se consumirá y morirá.
Lo que se quiere decir también es que la red que no evoluciona hacia un estado se desintegrará y que Al Qaeda ha llegado a un callejón sin salida, o se hace como ISIS, opción a la que el frente Al Nusra presenta poca resistencia, aún conservando su nombre, o arruina su proyecto y deja prácticamente la lucha. 
ISIS es la cabeza, el que elabora lo que es posible en el espectro jihadista.

Una tormenta decadente
En resumen la capa más profunda en la formación de ISIS, la afgana, combina una estructura mental rígida y enfermiza que vino de Egipto, con una fuerte tendencia al conservadurismo y un rigor patriarcal llegado de Arabia Saudí. Todo ello con dinero de dividendos abundantes cuyo origen es el boom del petróleo que tuvo lugar en 1974 inmediatamente después de la guerra árabe israelí de otoño del año anterior. De la capa iraquí ISIS tomó un componente de inteligencia policial fuerte (hablamos de servicios de inteligencia de un estado sanguinario en la represión de sus condenados, en su humillación y en la discriminación sectaria). De la capa siria ISIS desarrolló una dimensión colonialista, y las diferencias entre el jihadista emigrante y el mercenario tendieron a disminuir.
No es solo que en ISIS no hay nada de emancipador, tampoco hay nada que tenga relación con una afirmación de identidad o la liberación de un latrocinio, ni con oprimidos que arrebatan la actividad política, la tierra y la riqueza a quienes son más fuertes que ellos. ISIS es una tormenta decadente o una decadencia tormentosa que ha asolado nuestras sociedades por obra de una maquinación política y religiosa prolongada por obra de fuerzas internacionales hostiles y fuerzas locales que no tienen causa ni principio.
No hay futuro para ISIS, que nació por haber atrancado las puertas de nuestro futuro, pero que no morirá sin que se abran estas puertas.

Yassin al-Haj Saleh, escritor sirio (preso entre 1980 y 1996 como miembro de una escisión del Partido Comunista de Siria) (en Diagonal)

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