Hasta ahora han utilizado la llamada "violencia terrorista" para justificar, con el supuesto fin de combatirla, la necesidad de endurecer las penas de cárcel o de mantener la aplicación en la práctica de la cadena perpetua a partir de la inconstitucional "Doctrina Parot". Cuando ya ha cesado la acción armada de ETA, se empeñan en hacerse los incrédulos con el único fin de hacer de la venganza y la humillación su bandera.
Efectivamente, ahora que no tienen la disculpa de la "violencia armada" para ejercer la represión y catalogar de terroristas a quienes critican y protestan frente a sus imposiciones totalitarias. Amplían el etiquetamiento, criminalizando cualquier forma de resistencia, incluso la "resistencia pasiva", estigmatizando a otros sujetos sociales como enemigos de la seguridad mediante términos tales como "guerrilla urbana", "violencia anti-sistema", etcétera. Cuando quieran, no les hará falta más que ordenar a la policía que se infiltre o presione encendiendo los ánimos (para lo cual está muy bien adiestrada), y lo puede hacer en cualquier tipo de movilización o concentración, para así poder encarcelar arbitrariamente a quienes quieran acusar de "ejercer la violencia", incluso a quienes sin necesidad de estar presentes hayan convocado las acciones en las que se produzca el altercado.
Por eso no es casual que en situaciones de devaluación de los derechos y de las políticas sociales, se recurra a intensificar la represión y las políticas criminales. El estado es una maquinaria de violencia, no nos olvidemos. Los recortes en materias que afectan a seguridad social de la ciudadanía (trabajo, educación, sanidad, etcétera) no afectan a materias relacionadas con la seguridad del estado (gasto militar, policial, penal, etcétera). Las clases dominantes han capturado y secuestrado al estado para privatizarlo, han sepultado por fin la democracia mediante el asesinato de la soberanía popular, principio básico de la democracia, desplazando la toma de decisiones a élites de poder económico supra-estatales, convirtiendo al estado en un ente meramente administrativo que recauda y utiliza nuestro dinero para financiar sus empresas desplazadas a otros países, para financiar nuestra ruina.
Contra este proyecto totalitario podemos unirnos y lanzar nuestra ofensiva. Es el momento de resistir y, al parecer, vamos por buen camino, porque sino ni se preocuparían en armarse penal y policialmente contra la insurgencia. Ahora es tiempo de actuar sin que sepan cómo, con imaginación y eficacia. Así conseguimos en su momento conquistar los derechos democráticos y así luchamos ahora para que no nos los arrebaten.
César Manzanos, Doctor en Sociología, miembro de Salhaketa de Araba