martes, 24 de abril de 2018

EL GENOCIDIO ARMENIO, EL GENOCIDIO SILENCIADO

" (...) Me tiene sin cuidado lo que la débil civilización de Europa occidental diga de mí. He indicado -y nadie pronunciará siquiera una palabra de crítica a lo que haya hecho un escuadrón de artillería- que nuestras aspiraciones en la guerra no consisten en alcanzar determinadas líneas sino la destrucción física del enemigo. Consecuentemente tengo listos mis arietes (se refiera a las SS) por ahora sólo en el Esta con órdenes de matar cruelmente y sin compasión a hombres, mujeres y niños de origen e idioma polaco. Sólo así ganaremos el espacio vital que necesitamos. (...) Después de todo, ¿quién se acuerda hoy del aniquilamiento de los armenios?" (Palabras de Adolf Hitler, el 22 de agosto de 1039, a las conciencias de sus generales, a quienes les garantizaba impunidad, mientras las tropas nazis estaban siendo preparadas para invadir Polonia).

El 24 de abril de 1915 comenzó el primer holocausto moderno y que terminó en 1923, con el resultado terrible y angustioso de la desaparición, deportación, exterminación o eliminación física de más de un millón y medio de armenios, por parte del del Gobierno de Turquía dirigido por el Comité para la Unión y el Progreso, más comúnmente conocidos como de los "Jóvenes Turcos". El genocidio armenio se desarrolló bajo el amparo de la Primera Guerra Mundial, donde Turquía era aliada de Alemania; hechos que las autoridades turcas aprovecharon para crear un estado homogéneo de turcos musulmanes, por lo que emprendieron acciones de exterminio de armenios, asirios y griegos.

No era la primera vez que el pueblo armenio era agredido por sus mandatarios turcos. Así, entre 1894 y 1897 fueron masacrados alrededor de 200.000 armenios por el sultán Abdul Hamid II, obsesionado con que una supuesta nación armenia traicionaría a su imperio y en 1909, en la provincia de Adana fueron asesinados no menos de 15.000 y un máximo de 30.000 armenios.
Cuando los Jóvenes Turcos, del Comité para la Unión y el Progreso, dieron un golpe de Estado, el 23 de enero de 1913, de inmediato adoptaron un claro sesgo nacionalista, que les indujo a cambiar sus tendencias modernizadoras por el expansionismo del imperio otomano y "la unión sagrada de la raza turca". Implantando, por un lado una dictadura que buscaba por la fuerza un estado homogéneo bajo la idea de una nación uniforme étnicamente, negando cualquier presencia de minorías, y por otro lado edificando una nuevo aparato estatal sobre la brutal expoliación en un proceso de acumulación de capital con la aniquilación de poblaciones enteras y la apropiación de sus bienes.

Ya en 1910, el Congreso del "Comité para la Unión y el Progreso" (CUP) celebrado en Salónica entre el 31 de agosto y el 14 de septiembre de 1910, había aprobado por unanimidad la siguiente declaración expuesta por su secretario general, Nazim Fehti:

"Propongo al Congreso el exterminio total de los armenios del Imperio otomano; es necesario aniquilarlos. Para llevar a cabo este propósito hay que efectuar, frente a todas las dificultades, absueltos de conciencia, de sentimientos de humanidad, pues la cuestión no es de conciencia, de sentimientos de humanidad, pues la cuestión no es de conciencia ni de sentimientos humanitarios: es sólo de índole política, íntimamente vinculado con el beneficio y futuro de Turquía.
Así terminará inmediatamente la Cuestión Armenia.
El gobierno turco se liberará de la intromisión extranjera en sus asuntos internos.
El país se desembarazará de la raza armenia y así brindará un amplio campo a los turcos.
Las riqueza de los armenios pasaran a ser propiedad del gobierno turco.
Anatolia será territorio habitado exclusivamente por los turcos.
Se aplastará el obstáculo más importante para el logro del ideal panturánico."

La primera etapa del proceso genocida, hace 103 años, se inició el 24 de abril de 1915, en una muestra horrible de delirio, con la decapitación de la intelectualidad armenia, cuando fueron detenidos en Estambul 235 líderes de la comunidad armenia (profesores, políticos, intelectuales, artistas, científicos, sacerdotes, escritores,...), ampliándose, en los días siguientes, hasta la cifra de 800. Todo ello con el triple fin de: eliminar a la cúpula pensante armenia que era la que tenía más posibilidades de condenar del modo más efectivo el plan de exterminio, evitar al pueblo armenio de una orientación confiable e impedir que las noticias cruzaran las fronteras. Siendo deportados a Ankara y ejecutados en el transcurso del viaje, en lo que se considera como el comienzo de la limpieza étnica; fue el comienzo de una operación de mayor envergadura, una acción policial que desembocaría en el primera genocidio moderno, perpetrado por el gobierno de los Jóvenes Turcos con la intención de hacer desaparecer a la comunidad armenia ya que está no tenía cabida en su proyecto de nación racial, cultural y religiosa.

La segunda etapa fue la eliminación de los hombres aptos físicamente y en edad de combatir, aquellos entre 18 y 40 años, que habían respondido al llamamiento otomano de movilización general al estallar en julio de 1914 la Primera Guerra Mundial y entrar Turquía en ella en noviembre. Los soldados armenios fueron destinados a construir caminos y vías férreas para luego ser aniquilados en puestos de vanguardia como "carne de cañón", al tiempo que otros fueron detenidos (unos 70.000), fusilados y enterrados en fosas comunes. Así muchos de los que hubieran tenido capacidad de sublevarse, resistirse a las deportaciones o combatir en contra del gobierno otomano, fueron masacrados con anticipación.
Al mismo tiempo se organizaron "brigadas de trabajo" formadas con hombres de 16 a 60 años, destinado a construir infraestructuras varias como caminos y trincheras, en las que luego se les ejecutaba sin explicarles el motivo. Muchos moría antes del tiro morral por la extenuación física, la carencia de alimentos, los castigos brutales y la falta de higiene.

La tercera etapa, consecuentemente, fue más fácil. Seguidamente se emitió una "Ley de Traslado y Reasentamiento" aprobada el 27 de mayo de 1915, anunciando la deportación de todos los armenios, Pero lo que en realidad se produjo fue una lenta y sostenida masacre que se aplicó a la población civil: Los varones adultos serían fusilados, deportando, inmediatamente, sin ningún medio de supervivencia, a mujeres, niños y ancianos.
A los sobrevivientes les obligaron a emprender una ruta, a través de la estepa de Anatolia y con destino a los desiertos de Siria, haciéndoles marchar semidesnudos, descalzos, sedientos, hambrientos y sumergidos en un clima constante de terror, En el trayecto de las "marchas del hambre" hacia Siria y Mesopotamia, sin apenas acceso a comida o agua, diezmados por las enfermedades murieron casi todos, sufriendo el robo de sus pocas pertenencias y siendo violadas mujeres y niñas tanto por los soldados que les vigilaban como por las bandas de forajidos kurdos, circasianos y turcos. Además de las marchas interminables, numerosas aldeas fueran quemadas. Familias enteras fueron calcinadas dentro de sus iglesias cristianas mientras los soldados trucos rodeaban los edificios en llamas y disparaban a los que intentaban escapar.

La deportación de la comunidad armenia significó un paso más en su aniquilación, y en donde el abuso sexual generalizado formó parte del genocidio; exhibiendo desnudos a los deportados en Damasco, donde eran vendidos como esclavos y esclavas sexuales en algunas zonas. Método usado para ser una importante fuente de ingresos para los soldados turcos que les acompañaban.
Al maltrato físico, exterminador si se quier, se unió la expropiación y confiscación de bienes, El 13 de septiembre de 1915, por la "Ley Temporal de Expropiación y Confiscación", el Gobierno otomano tomó posesión de todas las propiedades armenias abandonadas. Eso incluía la tierra, el ganado y las casas. 

El número total de víctimas, en donde casi todos murieron de hambre o de las múltiples enfermedades que contraían, es objeto de controversia. Hace unos años, el presidente Erdogan del Estado turco reconoció que serían menos de 500.000 en un contexto de hambre y guerra, lo que había afectado también a otras minorías no musulmanas. Otras fuentes elevan la cifra a dos millones, si bien las fuentes mas documentadas fijan un número en torno a 1.500.000. En cualquier caso, un genocidio en toda regla.

Después de la Primera Guerra Mundial, la comunidad internacional condenó el genocidio armenio, y varios países advirtieron, ya en 1915, que los Jóvenes Turcos serían condenados por el terrible y extraordinario crimen. Pero la cuestión sigue todavía abierta, porque los distintos gobiernos turcos se resisten a reconocer su responsabilidad, argumentando que la guerra civil en Anatolia acompañada por un gran hambruna fue la responsable de la muerte entre 300.000 y 500.000 armenios y de otros tantos turcos.
Como consecuencia de este genocidio, la nación armenia, que contaba con 3 millones de habitantes, fue reducido a la mitad, Si las heridas del genocidio siguen tan abiertas, 103 años después, es debido, principalmente a que los responsables de los hechos no lo reconocen; Turquía sigue negando sistemáticamente el genocidio. Dolorosamente el pueblo armenio no tiene ni influencia en gobiernos poderosos, ni poseen bancos, ni tienen productores de cine,...

Actualmente son 28 estados (Alemania, Argentina, Armenia, Austria, Bélgica, Bolivia, Brasil, Bulgaria, Canadá, Chile, Chipre, Eslovaquia, Francia, Grecia, Holanda, Italia, Líbano, Lituania, Luxemburgo, Polonia, República Checa, Rusia, Siria, Suecia, Suiza, Uruguay, Vaticano y Venezuela) los que han reconocido el genocidio armenio y en 1987 el Parlamento Europeo adoptó una resolución reconociendo el genocidio armenio. También 42 estados de los EEUU han reconocido oficialmente y de forma abierta el genocidio armenio. Así como otros gobiernos regionales de distintos países; en España en concreto, Baleares, Cataluña, Navarra y el País Vasco; y en el Reino Unido se han manifestado en el mismo sentido Escocia, Gales e Irlanda del Norte.
Países como España, EEUU e Israel, no usan el término genocidio para referirse a estos hechos.

Pero Turquía sigue negando el genocidio y los familiares de las víctimas siguen padeciendo un luto incompleto. Pero no sólo es la postura oficial del estado turco, sino que también es apoyada por la casi totalidad de la ciudadanía turca que se resiste a hablar de "genocidio", usando términos como "catástrofe" o "desastre". Usando un lenguaje que trata de eludir la responsabilidad del Estado turco como perpetrador, instigador y autor de los crímenes y violaciones contra más de un millón de personas con el fin de llevar a cabo una limpieza étnica para acabar con las reivindicaciones nacionalistas de la minoría armenia.

Los armenios son un viejo pueblo que ha preservado su historia y su cultura gracias a una diáspora que ha transmitido su identidad a través de varias generaciones familiares. Francia, EEUU, Líbano y Argentina son los núcleos más importantes de una comunidad repartida a nivel global, sin olvidar sus ancestros. La actual República de Armenia no tiene las fronteras ni la población que tenía antes del genocidio, pero es un elemento de estabilidad en una región muy sensible a los diversos movimientos "sísmicos" internacionales.

Cada 24 de abril se evoca en Armenia el "Día de la Conmemoración del Genocidio Armenio", donde cientos de miles de personas caminan hacia el monumento conmemorativo del genocidio, erigido en la colona de Tsitsenakaberd sobre el desfiladero de Hrazdan, en Erivan, la capital de Armenia, y donde depositan claveles o tulipanes rojos alrededor de la "llama eterna".
Esta evocación se repite con diversos actos en todas las comunidades dispersas por el mundo que conforman la "diáspora armenia".

"Armenia expira, pero renacerá.
La poca sangre que el queda es una sangre preciosa de la que nacerá una posteridad heroica.
Un pueblo que no quiere morir, no muere. Después de la victoria de nuestros ejércitos, que combaten por la libertad, los Aliados tienen deberes que cumplir. Y el más sagrado de estos deberes es devolver la vida a los pueblos mártires, a Bélgica, a Serbia. Entonces garantizaremos la seguridad y la independencia de Armenia. Inclinados sobre ellos le dirán:
¡Hermana, levántate! No sufras más.
Eres ya libre de vivir según tu genio y tu fe."
(Extracto del discurso pronunciado por Anatole France en el homenaje a Armenia el 9 de abril de 1916 en la sesión pública convocada por el decanato de la Sorbona).

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