miércoles, 13 de febrero de 2013

PACTOS Y DIVERSIDAD


Según Catalán, el que se postula como nuevo líder de UPN, Navarra es tierra de pactos, y también de diversidad; eso al menos es lo que reza la publicidad institucional que vende las excelencias de la vida de esta Comunidad Foral, entre pollos, barricas, boinas, pimientos y pellejos.
Por eso, por los pactos y la cacareada diversidad del Reyno Gourmet, Euskalerria Irratia no tiene licencia, aunque tenga audiencia, y más que podría tener, y lleve 25 años emitiendo. Pero no pasa nada, esa audiencia no cuenta, las peticiones ciudadanas tampoco, estas menos, así que tranquilos, tranquilos, es cosa de los pactos y de la diversidad, de su respeto, y del peculiar manejo que tiene esta gente de las leyes y de la resolución de concursos públicos; unas resoluciones turbias y sospechosas, una vez y otra. Ésta es tierra de pactos... y de amiguismo. En efecto, amordazar ese medio de comunicación o cuando menos ponerle todas las trabas posibles, ponérselo difícil con apariencia de legalidad, es un asunto de pactos, pero lejos de la emisora y de sus oyentes, contra estos.
Y si no están de acuerdo, que recurran a los tribunales; unos con su dinero y otros con el dinero público y la ventaja de contar, de salida, con simpatías políticas entre quienes deben decidir sobre la legalidad de esos manejos. Impunidad de los abusos administrativos o de la administración manejada como una navaja política. Ahora mismo, el Gobierno de UPN mantiene recurridas las resoluciones judiciales favorables a Euskalerria Irratia en un acto asocial, propio de la estafa procesal o de la chicana. No es que tengan esperanza en que los tribunales les den la razón, no, lo que para ellos cuenta es que mientras mantengan el recurso, la radio no puede tener licencia pese a la sentencia favorable en primera instancia. Glorioso. Como para tener confianza en las instituciones.
Una por una, Euskalerria Irratia deberá seguir emitiendo sin licencia, esto es, en la cuerda floja. Saben que ese abuso cuenta con el aplauso de sus votantes, otros amigos del pacto y de la diversidad, pero solo si esta figura en un cartel grotesco de Fitur.
Resulta curioso el concepto de pacto y de diversidad que tiene esta gente. Y mucho más el que tiene de escuchar a quienes no son de su cuerda o cuadrilla (Artículo 590 del Código Penal), y a quienes quisieran ver en la cárcel, cosa que ladra con maneras de matón de pueblo un engominado de esa camada política, a quien solo le falta la camisa azul y el correaje.
Tampoco les gustan mucho los pactos que puedan hacer otras fuerzas políticas porque pueden sacarles del manejo del negocio público, como le acaba de pasar al manso del alcalde de Pamplona que ve aterrorizado que los socialistas se acercan, de lejos, a los temidos, temibles, pero muy socorridos abertzales. Ay, ay, que vienen, que vienen. Tiene el manso bien aprendida la gansada que su ama suelta cuando no sabe qué decir, cómo explicar que hay chorizos en sus filas o que la ciudadanía esta hasta la coronilla de ella, de su corona y de la corona en general; bien es verdad que últimamente suelta la muy gastada frase con la voz cansada y la frente marchita.
Pactos también, pero en otra parte, los que hizo el joven que se suicidó hace tres días en Córdoba acosado por la desdicha, la falta de recursos, las reclamaciones y su situación personal y familiar derivada de un desahucio. Acosado. Era un activista del movimiento anti desahucios, el mismo que le hizo decir a Colau en el Congreso refiriéndose a un representante de la banca: "Este señor es un criminal y como tal deberían tratarlo". Bien dicho, sin paliativos, porque se acabó el tiempo de la cortesía o cuando menos de una cortesía que beneficia a quien empuja, que se aprovecha de esa cortesía que es máscara del sometimiento del prójimo.
Y para pactos los de Correa y los globos de la ministra Mato que acabaron engrosando la cuenta embarullada del Getafe CF. Qué no habrán hecho, qué no habrán pactado gobernantes y elites económicas, y gobernantes y mafiosos, como el de Eurovegas que quiere abrir el mayor puticlúde Europa, y siempre a espaldas de esta devaluada ciudadanía que cada día asiste tan asombrada como baldada a su propio declive. Porque las sorpresas las tenemos aseguradas. Nos esperan unas cuantas. Empezando por la nueva ley de seguridad ciudadana que va a criminalizar todas las protestas y reclamaciones sociales, incluidas, me temo, las que hasta ahora se encuadran en espectáculos o folclore, porque ya han sido registrados los camerinos de una chirigota del carnaval de Cádiz debido a que, a juicio policial, el texto de su pasacalles sobre los recortes "podía ser ilegal", no que lo fuera. Estamos ante la arbitrariedad mayúscula de las actuaciones policiales preventivas sujetas al capricho de quien las ordena.
No es chirigota, aunque podría serlo, pero qué no habrá pactado Rajoy con el Bárcenas o con la Mato, a quien no destituye porque dice ser un hombre justo. Cómo puede blasonar de justo un mentiroso que encubre a otra mentirosa, a quien le pillan las mentiras una detrás de otra, con globos, con payasos, con marido, sin marido, con Jaguar o sin él, y se parapetan refiriéndose al archivo de las actuaciones, cuando también se trata ya de examinar con lupa esas actuaciones y de preguntarse el por qué esta corrupción generalizada no ha tenido la respuesta judicial que merece. Esta gente que detenta el poder en propio beneficio se ha aprovechado y se está aprovechando de un sistema legal que parece estar hecho únicamente a su medida. Parece una contradicción, pero en el caso de Rajoy solo es una nueva patraña a sumar a las docenas ya soltadas con máscara de pánfilo. Es una falacia y una burla que para dimitir haya que estar imputado. Se dimite por decencia, por respeto a la ciudadanía y a uno mismo, no por decisión judicial.
Y para actuación preventiva la del antidisturbios colosal que el otro día, en Madrid, derribó a una anciana de 83 años, en una de las muchas protestas callejeras que se producen a diario, porque se supone que la mujer era una seria amenaza para la seguridad pública y la integridad del uniformado. Se debió sentir un campeón. Las fotografías lo dicen todo. No me extraña que quieran prohibirlas, pero hoy son la mejor imagen de la marca España: más policía por habitante que los Estados Unidos e inseguro como pocos, gracias a su crimen organizado de traje y con corbata.
Miguel Sánchez-Ostiz, en Diario de Noticias

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