sábado, 14 de marzo de 2009

"LA ÚLTIMA DERROTA"

CALENDARIO REPUBLICANO
Puerto de Alicante, marzo de 1939

Ricardo Zabalza Elorga había estado muchas veces en Olite, en Tafalla o en Murillo. A fuer de patear los pueblos de la Merindad, la Federación de Trabajadores de la Tierra, de la que era responsable en Navarra, había conseguido labrase un prestigio en la defensa de los intereses del campesinado y su lucha por la reversión del comunal a los ayuntamientos.
Aunque era baztanés de Erratzu, en febrero de 1936 salió elegido diputado del Frente Popular por Badajoz y, ya en plena guerra, su currículum de sindicalista, maestro y periodista le valió para ser nombrado gobernador civil de Valencia.
Precisamente en aquel Levante español pudo conocer la noticia que el día 10 de marzo de 1939 difundió Radio Moscú: el Castillo de Olite, hundido, decía el locutor soviético. La guerra agotaba sus últimos días. Tres años de sangre. La moral republicana por los suelos y Zabalza oía, otra vez, el nombre de Olite y del castillo bandera de su querida y lejana Navarra.
Pero esta vez el protagonista no era el palacio que mandó quemar en otra guerra Espoz y Mina, sino un buque “nacional” que había tomado su nombre y en el estertor del conflicto era actor de una de las mayores tragedias navales de la contienda civil.
En su viaje al fondo de la bahía de Cartagena, el buque Castillo de Olite se llevó el día 6 de marzo las almas de 2.112 soldados de Franco. Los heridos fueron 342 y 293 cayeron presos. Dos batallones de infantería al guano merced a la buena puntería de la batería republicana de la costa.
Una victoria pírrica en las horas finales de la Guerra, cuando todos los caminos, también el de Ricardo Zabalza, llevaban a Alicante, la última capital donde ondeaba la bandera tricolor. A finales de marzo, había sucumbido Madrid, había caído todo, y el puerto alicantino se convirtió en la única salida para un sinfín de derrotados.
Por la localidad deambulaban 60.000 fugitivos a la espera de barcos que les sacaran de aquella ratonera. La flota republicana estaba en desbandada. Sólo cabía esperar el auxilio de navíos franceses y británicos. De la armada soviética no había noticia.
El día 30, la muchedumbre se organiza. Hace listas, discute si debe defenderse de las tropas italianas que rodean el puerto. Renuncia a morir matando y espera el fin sin esperanza. Apenas unos miles de refugiados habían logrado subir a la pareja de barcos que evacua a los más afortunados rumbo a Orán. El navarro Zabalza rechaza la oferta y se queda con los derrotados.
Los últimos republicanos temen ya lo peor. En el muelle, si anhelo de ser rescatados, rompen en pedazos sus documentos de filiación. Antes de entregarse, hay desesperados que se suicidan en pareja. Otros mueren solos. Las ganas de vivir y de morir se dan la mano. Finalmente, Zabalza y sus compañeros supervivientes son conducidos al campo de concentración de los Almendros.
A la dos de la tarde del día 1 de abril, hace ahora 70 años, el general Franco conoce la noticia del fin de la Guerra. Se siente enfermo. La gripe avanzaba. Redacta el último parte bélico: “Cautivo y desarmado el Ejército Rojo ...” Firma el documento. La fiebre sube. A media tarde se mete en la cama. El fascismo ha ganado. Meses después, Ricardo Zabalza es fusilado.
Luis Miguel Escudero
La Voz de la Merindad



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